Hoy es una mañana fría y nublada, de esas que producen escalofríos nada más salir a la calle. Lleváis encima unos pesados grilletes de acero que os aprietan muñecas y tobillos, lo que hace difícil mantener el equilibrio mientras os embarcáis en el ferri de la isla. Sentados allí, pensáis en vuestro nuevo futuro. Echáis un vistazo a lo que, en breves momentos, será vuestro nuevo hogar. Vuestros compañeros se consideran los criminales más peligrosos. Os preguntáis qué escabroso crimen habrá cometido vuestro compañero de la derecha. ¿Será el simple secuestro de un banquero o el típico asesinato del jardinero? Sin daros cuenta, habéis llegado. Bajáis del ferri. No recibís esa cálida bienvenida a la que estáis acostumbrados. Ha sido sustituida por estas palabras, que quedaran en vuestras mentes para siempre:
“Bienvenidos a casa, bienvenidos a Alcatraz”.
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